martes, 22 de marzo de 2011

Pero es Mi hermano y yo la que canta ahora

Pero es Mi hermano y yo la que canta ahora. Cierra los ojos, frunce su ceño tan joven que no alcanza a arrugarse. A su lado, Gregorio aprieta la boca y azota el acordeón con cariño. Son dos niños que juegan a ser hombres. Mientras Marcos quiere cantar junto a su hermana, el sueño de Gregorio es llegar con su música a España, a Japón, a donde sea.
Mientras hablan de sus aspiraciones, de parlantes lejanos llegan canciones, canciones que Gregorio replica en su acordeón porque no puede quedarse quieto. Toca Volver a llorar, de Jorge Oñate, luego se obsesiona con De rodillas, de El Binomio de Oro, que, asegura, fue la que más trabajo le costó aprender por lo complicado de las notas. A veces se sale de la pista original y aporta sus sonidos porque esa es otra: Gregorio no es un imitador; a cada canción, por clásica que sea, le hace sus propios arreglos, algo que también sorprende a su edad.el tiempo


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